NICOLÁS EN LA PLAYA
Nicolás viajó con su familia a Villa Gesell y un día en el que había mucho sol fue a la playa.
Y allí le pasaron … cosas increíbles.
Como además de sol había viento, Nicolás se puso a remontar un barrilete. Era un barrilete cómico, con la figura recortada de Scooby Doo.
Sin darse cuenta, el barrilete lo fue llevando a Nico hasta un lugar en el que, de pronto, se encontró solo.
¿Y la gente de la playa? ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy?, se preguntó casi a punto de llorar.
Pero, justo cuando empezaba a desesperarse, oyó una voz lejana que venía precisamente desde arriba: “Nicolaaaaas, Nicolaaaaas”.
Casi, casi, que se asustó más.
Miró hacia el cielo y ahí lo vio: su barrilete le hablaba … y tenía la exacta voz de Scooby Doo, con ladridos incluidos.
“Nicolaaaaas, guau, bajáme que te cuento un secreto”.
Y Nico enrolló el hilo. La cometa cayó a sus pies.
Ya en la arena, un Scooby que estaba más bien arrugado le dijo: “Caminá 23 pasos derechito y luego 8 pasos hacia tu izquierda. Ahí hace un pocito con la mano y vas a ver”.
Dicho lo cual, el barrilete se hizo humo.
Nico hizo lo que el barrilete le había dicho y cuando cavó en la arena indicada se encontró con algo inesperado. No era un tesoro, ni monedas de plata, ni siquiera un juguete … era solamente una llave. Una llave que él nunca había visto en ningún llavero.
- ¿Y esto, para qué sirve? - preguntó en voz baja.
No pasaron ni tres segundos, que llegó la respuesta.
- Sirvo para abrir una puerta, Cachito - dijo la llave.
- Oh, la llave también habla!!!
- Sí, hablo. Igual que vo, vistes. O mejor, porque manejo a la perfesión ocho idiomas diferente. Por eso, la prósima instrusiónc será en inglé: “close the windows”. Acordáte de esas tres palabra.
Y la llave mal hablada se quedó callada. Ya no volvería a abrir la boca, salvo en el instante previo a ingresar en la cerradura correcta.
Nicolás estaba desconcertado. Creyó estar soñando.
Caminó por ese lugar sin saber qué hacer y de pronto llegó a la puerta de una casona, que era el único sitio al que podía ir. No había más caminos que ese.
Otra vez, estuvo a punto de llorar.
Golpeó la puerta. Lo atendió un señor de cinco metros de altura, que apenas pasaba por el portón gigante.
“Ven amigo, estábamos esperándote”.
¿Qué será todo esto?, pensó Nico.
El altísimo hombre lo llevó a una habitación llena de sol.
Cerró la puerta y Nicolás se quedó otra vez solo.
Miró a su alrededor y tembló de miedo.Entonces, vio una ventana.
Recordó que “windows” en inglés quiere decir ventana y supuso que “close” sería cerrarla, por el simple hecho de que la ventana estaba abierta.
Caminó hacia ella con la llave en la mano y, raramente, en un costado de una hoja de la ventana apareció una cerradura.
“Es esa la cerradura correta”, gritó la llave.
Nico puso la llave en la ventana, ésta se cerró y miles de fuegos artificiales volaron por los cielos.
Como por arte de magia, Nicolás volvió a la playa sin saber qué había ocurrido.
Sin dudas, había cooperado en resolver algún misterio. Los fuegos en el cielo mostraban claramente que él había cumplido su tarea.
Para sentirse un poco héroe, Nicolás pensó que lo que había sucedido había servido para salvar al mundo.
Él nunca lo supo, pero eso fue exactamente lo que pasó.
Mar del Plata, 12 enero 2011