AVENTURA BAJO EL AGUA
- Cada vez hace más calor acá –protestó Mateo.
- Vamos a decirle a mi papá que nos lleve a Parque Norte –respondió Matías.
Y de sólo pensarlo, un airecito fresco les llegó a la cara.
Allá fueron.
Después de que el auto devorara toda la General Paz llegaron al famoso Parque Norte. Sí, el mismo de la cancioncita “aquí nomás en Parque Norte, en tu ciudad, sol y deportes”.
Hacía tanto calor que las ranas llevaban cantimplora.
Y la tarde estaba iluminada como con dos soles.
Las piletas estaban llenas de agua y de gente. Matías y Mateo se metieron más rápido que ligero y empezaron a disfrutar.
Y vaya si lo hicieron.
Metían las cabezas abajo del agua, hacían remolinos, se tiraban de “bomba” … pero todavía faltaba algo para cerrar la tarde.
En un momento, Matías le dijo a Mateo: “metámonos los dos juntos abajo del agua”.
Y contaron hasta tres.
Uno, dos … tres.
Y los dos entraron al agua en el mismo momento.
Pero, pero, pero …no podían salir. Algo les impedía sacar la cabeza del agua.
Y para peor, una fuerza increíble los arrastró hasta una compuerta que se abrió como la boca de un lobo hambriento.
Cuando ya no tenían más aire en los pulmones, el agua desapareció y se quedaron sequitos en ocho segundos.
- ¿Qué pasó? –dijo Mateo llorando.
- No sé, voy a llamar a mi papá.
Una tercera voz se unió a la conversación desesperada: “Tu papá … ja ja ja ja jo jo jo. Imposible. Ustedes ahora son mis prisioneros”.
El malo tenía cara de malo y voz de muy malo. Para colmo siguió hablando.
“La única forma de salir de aquí es haciéndome reír. Ustedes hagan lo que quieran para que yo me ría y los dejo ir. Ja ja ja jo jo jo!!”.
- ¿Y si no lo hacemos reír? –preguntó Mateo.
- Me los como crudos!!! –contestó el hombre malo.
- Le va a doler la panza después –dijo Matías.
- No me causas gracia, niño.
Pasaron treinta minutos y el maldito seguía lo más pancho sin que una miserable sonrisa se asomara.
Hasta que Matías sacó el as que le quedaba en la manga.
Apretó los dientes, hizo una fuerza sobrenatural hasta que se le puso la cara colorada … y de su parte trasera salió un tremendo ruido a tormentas, a muebles que se mueven en el piso de arriba, a edificios que se derrumban …
Un pedo histórico que hizo matar de risa al malvado.
Un par de segundos después todo volvió a la normalidad.
Mateo y Matías siguieron disfrutando de las piletas y del agua, pero siempre con las cabezas afuera.
Por las dudas.