miércoles, 27 de abril de 2011

VENÍ QUE TE CUENTO UN CUENTO

AVENTURA BAJO EL AGUA

- Cada vez hace más calor acá –protestó Mateo.

- Vamos a decirle a mi papá que nos lleve a Parque Norte –respondió Matías.

Y de sólo pensarlo, un airecito fresco les llegó a la cara.
Allá fueron.
Después de que el auto devorara toda la General Paz llegaron al famoso Parque Norte. Sí, el mismo de la cancioncita “aquí nomás en Parque Norte, en tu ciudad, sol y deportes”.

Hacía tanto calor que las ranas llevaban cantimplora.
Y la tarde estaba iluminada como con dos soles.
Las piletas estaban llenas de agua y de gente. Matías y Mateo se metieron más rápido que ligero y empezaron a disfrutar.

Y vaya si lo hicieron.

Metían las cabezas abajo del agua, hacían remolinos, se tiraban de “bomba” … pero todavía faltaba algo para cerrar la tarde.
En un momento, Matías le dijo a Mateo: “metámonos los dos juntos abajo del agua”.
Y contaron hasta tres.

Uno, dos … tres.

Y los dos entraron al agua en el mismo momento.
Pero, pero, pero …no podían salir. Algo les impedía sacar la cabeza del agua.
Y para peor, una fuerza increíble los arrastró hasta una compuerta que se abrió como la boca de un lobo hambriento.

Cuando ya no tenían más aire en los pulmones, el agua desapareció y se quedaron sequitos en ocho segundos.

- ¿Qué pasó? –dijo Mateo llorando.
- No sé, voy a llamar a mi papá.

Una tercera voz se unió a la conversación desesperada: “Tu papá … ja ja ja ja jo jo jo. Imposible. Ustedes ahora son mis prisioneros”.

El malo tenía cara de malo y voz de muy malo. Para colmo siguió hablando.

“La única forma de salir de aquí es haciéndome reír. Ustedes hagan lo que quieran para que yo me ría y los dejo ir.  Ja ja ja jo jo jo!!”.

- ¿Y si no lo hacemos reír? –preguntó Mateo.
- Me los como crudos!!! –contestó el hombre malo.
- Le va a doler la panza después –dijo Matías.
- No me causas gracia, niño.

Pasaron treinta minutos y el maldito seguía lo más pancho sin que una miserable sonrisa se asomara.
Hasta que Matías sacó el as que le quedaba en la manga.

Apretó los dientes, hizo una fuerza sobrenatural hasta que se le puso la cara colorada … y de su parte trasera salió un tremendo ruido a tormentas, a muebles que se mueven en el piso de arriba, a edificios que se derrumban …

Un pedo histórico que hizo matar de risa al malvado.

Un par de segundos después todo volvió a la normalidad.
Mateo y Matías siguieron disfrutando de las piletas y del agua, pero siempre con las cabezas afuera.
Por las dudas.

viernes, 15 de abril de 2011

MIS FOTOS PREFERIDAS DE MIS PERSONAJES FAVORITOS

ESTE ES EL FABULOSO JERRY






MI PERRO PREFERIDO

AMIGOS SON LOS AMIGOS


LOS ALIENIGENAS SON SUPER

MÁS DE TOM Y JERRY

ESTE ES SUPERHIJITUS

JERRY ESTÁ TRISTE
SUPERHIJITUS Y EL TOPO GIGGIO
SOMBRERITUS SOMBRERITUS

ME GUSTA EL QUESO !!!

SCOBY SCOOBY DOOOOOOOOOO

lunes, 11 de abril de 2011

MIS FOTOS DE SCOOBY DOO






 



VENÍ ... QUE TE CUENTO

NICOLÁS EN LA PLAYA

Nicolás viajó con su familia a Villa Gesell y un día en el que había mucho sol fue a la playa.
Y allí le pasaron … cosas increíbles.
Como además de sol había viento, Nicolás se puso a remontar un barrilete. Era un barrilete cómico, con la figura recortada de Scooby Doo.

Sin darse cuenta, el barrilete lo fue llevando a Nico hasta un lugar en el que, de pronto, se encontró solo.
¿Y la gente de la playa? ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy?, se preguntó casi a punto de llorar.
Pero, justo cuando empezaba a desesperarse, oyó una voz lejana que venía precisamente desde arriba: “Nicolaaaaas, Nicolaaaaas”.

Casi, casi, que se asustó más.
Miró hacia el cielo y ahí lo vio: su barrilete le hablaba … y tenía la exacta voz de Scooby Doo, con ladridos incluidos.
“Nicolaaaaas, guau, bajáme que te cuento un secreto”.
Y Nico enrolló el hilo. La cometa cayó a sus pies.

Ya en la arena, un Scooby que estaba más bien arrugado le dijo: “Caminá 23 pasos derechito y luego 8 pasos hacia tu izquierda. Ahí hace un pocito con la mano y vas a ver”.
Dicho lo cual, el barrilete se hizo humo.

Nico hizo lo que el barrilete le había dicho y cuando cavó en la arena indicada se encontró con algo inesperado. No era un tesoro, ni monedas de plata, ni siquiera un juguete … era solamente una llave. Una llave que él nunca había visto en ningún llavero.
- ¿Y esto, para qué sirve? - preguntó en voz baja.
No pasaron ni tres segundos, que llegó la respuesta.
- Sirvo para abrir una puerta, Cachito - dijo la llave.
- Oh, la llave también habla!!!
- Sí, hablo. Igual que vo, vistes. O mejor, porque manejo a la perfesión ocho idiomas diferente. Por eso, la prósima instrusiónc será en inglé: “close the windows”. Acordáte de esas tres palabra.

Y la llave mal hablada se quedó callada. Ya no volvería a abrir la boca, salvo en el instante previo a ingresar en la cerradura correcta.
Nicolás estaba desconcertado. Creyó estar soñando.
Caminó por ese lugar sin saber qué hacer y de pronto llegó a la puerta de una casona, que era el único sitio al que podía ir. No había más caminos que ese.
Otra vez, estuvo a punto de llorar.
Golpeó la puerta. Lo atendió un señor de cinco metros de altura, que apenas pasaba por el portón gigante.
“Ven amigo, estábamos esperándote”.

¿Qué será todo esto?, pensó Nico.

El altísimo hombre lo llevó a una habitación llena de sol.
Cerró la puerta y Nicolás se quedó otra vez solo.
Miró a su alrededor y tembló de miedo.
Entonces, vio una ventana.
Recordó que “windows” en inglés quiere decir ventana y supuso que “close” sería cerrarla, por el simple hecho de que la ventana estaba abierta.
Caminó hacia ella con la llave en la mano y, raramente, en un costado de una hoja de la ventana apareció una cerradura.
“Es esa la cerradura correta”, gritó la llave.

Nico puso la llave en la ventana, ésta se cerró y miles de fuegos artificiales volaron por los cielos.

Como por arte de magia, Nicolás volvió a la playa sin saber qué había ocurrido.
Sin dudas, había cooperado en resolver algún misterio. Los fuegos en el cielo mostraban claramente que él había cumplido su tarea.
Para sentirse un poco héroe, Nicolás pensó que lo que había sucedido había servido para salvar al mundo.

Él nunca lo supo, pero eso fue exactamente lo que pasó.






Mar del Plata, 12 enero 2011